El apetito no depende únicamente de si hemos comido más o menos. Tal y como nos recuerda Santiveri, factores como las hormonas, el estrés, la dieta e incluso nuestras emociones influyen directamente en cómo y cuándo sentimos hambre. Por eso, entender qué hay detrás de nuestro apetito es clave para poder gestionarlo de forma consciente y mejorar nuestra relación con la alimentación.
En muchas ocasiones, no comemos por necesidad física, sino como respuesta a situaciones emocionales o momentos de tensión. El estrés, el cansancio o incluso la tristeza pueden llevarnos a buscar alimentos más calóricos o dulces, generando antojos difíciles de controlar si no sabemos identificarlos.